miércoles, 29 de julio de 2015

SER FIEL


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Ser fiel es saber amar,  es una fórmula exacta. Y tiene que ver con todo el arraigo, con todos los principios que uno mismo aprende desde el hogar con la familia. El hecho de vivir en paz y plenamente, nos da la oportunidad de conducirnos mejor en nuestra vida.
La fidelidad es un regalo precioso que desinteresadamente obsequiamos a nuestro ser amado, a nuestra familia, al país donde nacimos o donde vivimos. Fidelidad implica entrega, confianza, alegría y verdad.
La fidelidad implica además  madurez emocional y se alimenta día a día con acciones, actitudes frente a la vida. Un sabio dijo: La fidelidad es un resplandor en el corazón que nos permite alcanzar la paz interior.

En principio, es importante conocernos a nosotros mismos para estar listos y ofrecer TODO lo mejor de nosotros. Ese cuento de que polos opuestos se atraen sirve para el mundo de la electricidad. No creo que personas bien diferentes puedan entenderse. Quizá, en un principio si pero, al paso del tiempo, esas notas que creíamos interesantes, se convierten en diferencias irreconciliables.
No existen dos seres humanos idénticos. Las historias no se repiten a menos que nosotros mismos provoquemos ese caos. Sepultemos al pasado y recordemos solamente que esas amarguras corresponden exclusivamente al pasado y en definitiva, nos fortaleció. De hecho, volver a vincularnos significa que deseamos una nueva oportunidad. Ese, es un gran adelanto en nuestras vidas. Por eso, las palabras que nacen del otro deben ser escuchadas con amor y respeto. Debemos aprender a creer. Debemos creer que existen aún personas sensibles, con buenas intenciones y con el deseo ferviente de acompañarnos en este camino.

Creer. En nosotros mismos y en los demás. Creer en los cumplidos, en las frases amorosas, en todo aquello que es el alimento de la relación, es ser fiel. 
Vivimos muy rápidos con nuestras vidas. Cumplir horarios, pagar multas, ocuparnos de los hijos... Hacemos varias actividades simultáneas y solamente queremos comer algo y acostarnos para descansar. Parecemos autómatas, que no alcanzamos a analizar ni podemos mirar con sensibilidad. Comencemos por querernos a nosotros mismos, a ocuparnos de nosotros, para poder atender y querer a los otros.

 Las acciones positivas ocurren en todo momento. Y luego, es un hábito gratificante. Y si yo inicio una serie de acciones positivas, se produce una reacción en cadena generando acciones positivas recíprocas, muy alentadoras y muy constructivas en la pareja, en la familia o en tu centro de trabajo.  Es un simple ejercicio. Con el tiempo, estas acciones que pensamos para favorecer al otro, se transformarán en naturales.
Somos humanos y erramos por soberbios. Cuando cometemos errores, no siempre estamos dispuestos a enmendarlos y reconocerlos, en ese momento dejamos de ser fieles a nosotros mismos  porque el  error es constructivo, nos sirve de experiencia para la próxima vez. En definitiva, es un aprendizaje. Por eso, la equivocación no debe ser un pensamiento tortuoso que nos condena. Seamos sinceros. Nuestra pareja, nuestra familia y nuestros compañeros siempre nos apoyaran en cualquier circunstancia. Pensemos siempre y no mentir jamás. La verdad es el sol de la vida y el camino. La verdad es el amor.  

1 comentario:

Sara Izquierdo dijo...

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